En estos tiempos de pandemia se ha revalorizado el concepto de distancia, social o de seguridad. Según esta indicación sanitaria de responsabilidad por el propio y el bien ajeno, la actuación prudente, siguiendo la parábola del buen samaritano, sería la del sacerdote y levita que dan un rodeo para no toparse con la persona medio muerta; al contrario, el samaritano es un imprudente porque se acerca y cura las heridas del molido a palos, sin estar equipado con la "epi". Va equipado con un corazón que no es indiferente pero esto no te salva de contagios aunque, sin duda, ese comportamiento es contagioso y nos invita a a ser cercanos de una forma creativa pero siempre alejados del "este no es mi problema".
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