Toda injusticia comienza cuando se rechaza a Dios y no se reconoce su existencia y presencia en este mundo, cuando Aquel que origina, sostiene y atrae a la criatura humana se ve desplazado de su lugar y es marginado. Y Dios se hizo margen para rescatar a los que no contaban, para que floreciese la justicia donde sus semillas habían sido destruidas. El desplazamiento de Dios de la vida conlleva, por lo menos a nivel de principios, la arbitrariedad con los necesitados. De ahí que una pretendida fe en Dios siendo indiferente al sufrimiento y maltrato humano sea insostenible y la deja hueca, esquelética y descabezada.
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