Quiero acompañarte junto con tu familia en estas horas últimas o primeras, en esta hora de Getsemaní, donde los olivos inquietos por el viento tempestuoso ya han libado el aceite que ungirá tu cabeza y tus manos. Esa cabeza tantas veces cubierta por un sombrero que cada vez se hacía más grande. Quiero acompañarte y hacerte presente, humildemente, al Ungido por excelencia, al Cristo que vive cerca del que sufre para regalarte su amor misericordioso, que tiende su mano poderosa y enllagada y se entrelazan con tus manos para enjugar tu dolor y transformarlo en canto de amor que sembrado en la tierra produce frutos de vida esperanzada,
No hay comentarios:
Publicar un comentario