Se muestra en nuestra capacidad de relacionarnos, de respetarnos, de una convivencia donde no queramos imponernos a los demás o donde no faltemos a las creencias de otros. Sacar de en medio a otros, mediante la fuerza o la ideología es indigno de nuestra valía humana. Estamos en el embrión de la evolución: de pasar del garrotazo material o ideológico al respeto del otro física y espiritualmente.
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